24-04-2010

Nació con los rumores del Arauca vibrador y en esas espumas se hizo hombre y folclorista. Qué mejor escenario que esas inmensas sabanas araucanas cruzadas por caudalosos ríos y majestuosos paisajes tachonados de fauna, flora y verdor para inspirar el manojo de canciones que ha compuesto y que tiene impreso en cinco trabajos musicales, de la más rancia y auténtica herencia llanera.
‘Soñando contigo’, ‘Me enamoré de ti’, ‘Esa mujer es mía’, ‘Llama de pasiones’ y ‘Atracción’, el más reciente de su producción discográfica, dan cuenta del legado artístico de Fabio Cadena Blanco, un hombre curtido por los soles veraniegos de oriente y las recias faenas del campo, un criollo de verdad que le canta a su entorno, a la naturaleza, al amor, al despecho, a la vida, y a la mujer como símbolo de todos los apegos y las admiraciones humanas.
En su comarca, Arauca, comparte estas delicias del alma que fluyen en su voz y su inspiración, con el respaldo de su grupo musical integrado por bajo, arpa, cuatro y maracas, llevando alegría y emoción a los corazones de sus seguidores, tanto en Venezuela como en Colombia.
Por estas fechas de sentimientos fronterizos encontrados por culpa de la irracionalidad y los abusos del poder, Cadena, con su patrimonio artístico, oficia como embajador de la hermandad y la reconciliación de los pueblos a través de la cultura.
Qué mejor lenguaje para estrechar vínculos de confraternidad, muy distante de las ambiciones y los derrotes políticos.
Cadena, además de su don innato para la música, es un boticario de la medicina ancestral de su región. Y a la par de la entrevista nos participó algunos de sus estimulantes secretos.
Es un lugar común decir que un araucano de ley se le conoce por el sombrero bien puesto, ¿verdad?
“Efectivamente, llanero que se respete siempre monta un buen caballo y luce un sombrero a su honor y su medida”.
¿Y cómo es el suyo?
“El mío es un ‘Stemson’ mexicano, de los que acostumbran usar los vaqueros en los rodeos texanos. Pero más que la marca y la procedencia, es un detalle arraigado a mi personalidad. Sin él, me siento un hombre incompleto”.
¿Y ante quién se quita usted el sombrero?
“Por respeto, ante la casa de Dios, y antes de iniciar una presentación, como halago a mi público”.
Y ante las damas, ¿no?
“Naturalmente. Eso hacer parte de las florituras y los galanteos de un buen llanero”.
¿Qué se siente haber sido mecido por los rumores del Arauca vibrador?
“Esa es una bendición de Dios, porque a pesar de todos los conflictos y las necesidades que durante años ha sufrido mi pueblo, es una tierra fecunda, rica, acogedora, y de gente trabajadora, generosa y hospitalaria, donde se conserva aquel refrán que dice que ‘se le da la mano al que llega’”.
¿Y usted en esos andares no ha metido la bota en un pozo petrolero?
“Ya quisiera que mi cotiza hubiese tocado fondo, pero sí he metido la pata en el barro, en las arduas faenas del llano”.
¿A usted le ha tocado?
“Más de una vez pero me vuelvo a montar”.
¿Es cierto que rezan el varón cuando se enamoran?
“Claro, y para eso no hay contra que valga”.
¿De cuántas mujeres da cuenta su cuerpo y su corazón?
“En mis 36 años no alcanzo a contarlas en los dedos de la mano”.
¿Pero lo han enganchado?
“Desde hace cinco años me pusieron el hierro y muy difícil que se ‘cachilapié’”.
¿Qué quiere decir con eso?
“Este es un término muy criollo que significa que este varón ya no puede meterse en corral ajeno”.
Pero ganas no le faltarán...
“Una cosa son las ganas y otra el respeto por la mujer amada, aunque el diablo es puerco”.
Y más cuando hay tragos de por medio. ¿Usted empina la botella?
“En ocasiones muy especiales: un bautizo, un matrimonio, estas fiestas de fin de años, a veces un entierro”.
¿Un entierro de qué?
“De un ser querido o de un amigo cercano, no sea usted mal pensado”.
¿Para qué recomienda su música?
“Para un parrando bien criollo, una serenata romántica o una velada de luna llena entre amigos, debajo de un samán sombrío”.
¿Cuál de todas es la canción que más lo identifica?
“‘Me enamoré de ti’ y ‘La tierra del joropo’, esta última de mi más reciente álbum”.
¿Siempre ha vivido de la música?
“Cuando se hace con amor y honestidad y se toma como una profesión de verdad, no faltan las bendiciones del cielo”.
¿Se ha visto en aprietos?
“Hacen parte de la vida, lo importante es buscarles solución”.
Aparte de la música; ¿de qué manera se entretiene?
“Me gusta el Derecho y colaboro empíricamente en la rama judicial de mi departamento, hace varios años”.
¿Qué opinión le merece el conflicto fronterizo?
“Por mi departamento no se siente, pero el señor Chávez debería bajarle al tono, ser más prudente y tolerante con el momento histórico que vivimos”.
¿No le inspira una canción ese conflicto?
“Está hecha y pronto será publicada, todo para mermarle la temperatura al ambiente belicoso y llamar a la reconciliación”.
¿Cómo es su amor por el cuatro?
“Es una extensión de mi cuerpo. Me acompaña de niño y ha sido mi compañero inseparable”.
¿Como buen araucano sabe de medicina natural?
“No seré el perito pero me doy mis mañas”.
¿Si lo muerde una culebra tiene el antídoto?
“Siempre a la mano mi cajeta de chimó”.
¿Qué tiene para esos espasmos de la ansiedad y la locura?
“Una infusión diaria y en ayunas de agua de madrevieja”.
¿Y esa dónde se coge?
“Se da silvestre en las lagunas de Arauca”.
¿Tiene alguna pomada para potenciar la virilidad?
“Sí la tengo pero su receta es reservada. Si la necesita, apenas acabemos esta entrevista, le dejo una muestra”.
¿Cómo saben los araucanos que la mujer se la está jugando?
“Porque empiezan a volverse ariscas y resabiadas como el ganado mañoso”.
¿Y qué se debe hacer en estos casos?
“Dejarles el llano abierto para que cojan sabana”.
¿Qué tal usted para colear?
“Lo hice muy bien en un tiempo, pero ahora le tengo respeto”.
Qué es más difícil: ¿amansar una potra cerrera o una araucana soberbia?
“Ambas patean igual, pero si tienes poteca en el brazo, terminan ‘guayuquiadas’ (tumbadas por el vaquero)”.
¿Y al cabo del tiempo se montan?
“Al ratito para que no se enfríen”.